Una vez se burlaron tanto de mí que ya no me dieron ganas de
hablar en público, pero me di cuenta que tenía la necesidad de hacerlo, y por
más que me ponga colorada y me de mucha vergüenza tenía que decirlo, y no me
importó la opinión de los demás.
Una vez me mintieron tanto que decidí no contarle nada a
nadie, pero entonces comprendí que todavía hay personas en las que sí se puede
confiar, por más que no queremos verlo.
Una vez lloré tanto que me puse de mal humor, me quejaba,
trataba mal a todos, pero me di cuenta que ellos no tenían la culpa, entonces
me decidí a sonreír –a llorar cada tanto, por supuesto- me di cuenta que estar
triste no era la solución, que un par de lágrimas no iban a hacer nada por
cambiar lo que estaba pasando.
Una vez me creé otro “yo” para llamar la atención, pero
terminé perdiendo, me engañaba a mí misma y como quiero lo mejor para mí,
decidí ser YO misma sin pensar en los otros.
Una vez lastimé tanto a alguien, que ahora cada vez que me
pasan cosas malas pienso en la frase de “todo vuelve”, entonces traté de no
lastimar a nadie más, por mí y mas que nada por las otras personas.
Una vez me vicié con la computadora, y como sé que me hace
mal, cerré todo, mi facebook y mi Twitter. Me di cuenta que cuando esté mal, la
computadora no era la que me iba a abrazar diciendo que todo va a estar bien,
sino los que me rodean; mi familia y mis amigos, esos que estuvieron conmigo
cuando yo los “cambiaba” por la computadora.
Una vez me enceguecí tanto con una persona por su físico que
terminé mal, peleándome con muchas personas, ocultando cosas, engañando (a mi y
a los que me rodean) y más que nada, sufriendo, sufriendo como nunca, pero
entendí que hay personas más graves para llorar, para sufrir.
Por todas estas cosas aprendí la mayoría de las cosas que
hoy sé (y de las que me faltan saber), aprendí a no burlarme de las otras
personas (aunque tengo que aceptar que lo sigo haciendo, que lo estoy tratando
de cambiar), que detrás de esa persona que ahora nos estamos burlando, puede
llegar mucho mucho más allá de lo que llegaríamos nosotros cuando seamos
grandes, después de que nosotros nos burlemos de esa persona, acordate que
alguien se está burlando de vos AL MISMO TIEMPO que vos lo estás haciendo,
¡después no te enojes!
También aprendí a no mentir, ir siempre con la verdad, por
más que duela, por más que cambien muchas cosas, como dicen, “las mentiras
tienen patas cortas”. Vos mentís, otros te mienten, así es como la vida te
paga…
Aprendí a hacer todo con alegría, que si el otro no se lo
merece, o si se lo merece, tratarlo con la mayor alegría, aprendí a no quejarme,
que hay personas que la están pasando peor que yo, a no estar de mal humor por
más que el día me obligue, pero ¿para qué? Si yo estoy de mal humor, no consigo
nada, ni vos, ni nadie.
Si hay algo más feo es que se burlen de vos, hasta a mí me
da vergüenza hablar en público, de decir la verdad, porque siento que se van a
burlar, pero si en verdad lo tengo que decir, lo digo, porque sé que le tengo
que ganar al miedo, a la vergüenza, a la timidez, a todo lo malo, (como me
enseñó mi papá) lo tengo que superar, por más que cueste, acordate que si
cuesta, vale más la pena
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